16 de agosto de 2013

HOSPITALIDAD: HACER EL BIEN O QUEDAR BIEN

(* Verano. Edward Hopper. Realismo. 1943. Óleo sobre lienzo. 111.8 x 74 cm. Delaware art museum. Wilmington, E.U.A.)


En una librería vi un pequeño letrero de madera que decía: “May our home to every guest be a place of peace and rest.” Que quiere decir algo así como: “Que nuestro hogar sea un lugar de paz y descanso para cada invitado.” Lo cual es deseable. 

La Biblia nos anima a ser hospitalarias (Romanos 12:13, 1 Timoteo 5:10, Hebreos 13:2), pero cuidemos la intención de nuestro corazón al recibir invitados para no caer en actitudes incorrectas como el orgullo, el cual nos lleva al afán y al enojo.


Cuando nos desviamos del propósito de hacer el bien y nos enfocamos en 'quedar bien' (dar una buena impresión), entonces  una comida muy elaborada presentada en una mesa impecablemente puesta se vuelve la prioridad, y hace que desde el momento de su preparación nos sintamos tensas e irritables para con los de casa. Y claro, a la hora de la reunión estamos exhaustas y demasiado ocupadas haciendo notar el resultado de nuestro arduo trabajo, tal vez disimuladamente, excusándonos por cualquier cosa de la que queramos recibir un halago:


-“Disculpen si la comida está salada.”
-“No, qué va, todo está delicioso.”
   
Y una serie de diálogos como esos.


No estoy hablando de entonces relajarnos tanto que descuidemos nuestro hogar y no atendamos debidamente a nuestros invitados, sino de cuidar nuestra motivación.


El caso es que podemos estar tan entretenidas en quedar bien que nos olvidamos de la prioridad de hacer el bien con acciones tan sencillas como involucrar a la familia en la preparación de los alimentos o en poner la mesa, aunque tome un poco más de tiempo; escuchar a nuestros invitados con interés genuino y hacerles sentir nuestro aprecio con nuestras acciones y palabras, conversar con ellos de cosas edificantes y aprovechar la oportunidad de hablarles del Evangelio, es decir, servirlos de corazón.


Cuando buscamos quedar bien, puede que lo logremos y la gente se vaya de nuestra casa pensando en lo grandiosas que somos al cocinar, decorar, elegir nuestro atuendo, etc., es decir, hacemos de nuestro hogar un monumento a nuestro ego; en cambio, cuando buscamos hacer el bien, las personas dejarán tu hogar sintiéndose amadas y edificadas.