17 de mayo de 2013

¿CRISIS MATRIMONIAL? ¡CAMBIA TU ENFOQUE!

(* Intimidad. Genaro Lahuerta. Realismo. 1938. Óleo sobre tela 100 x 81 cm. Colección particular.)


Si estás pasando por una crisis en tu matrimonio, seguramente habrás pensado que si tu esposo cambiara podrías ser feliz. Te aseguro que no sería así; ningún ser humano, ni siquiera tu esposo, es infalible como para poder ser la fuente permanente de tu felicidad. Sólo Dios puede satisfacer tu corazón, sólo en Él encontrarás plenitud al hacer Su voluntad.

¿Sabes? Una crisis puede ser una oportunidad invaluable para tu crecimiento. Dios puede obrar en tu matrimonio, pero piensa que tal vez quiera comenzar contigo;  así que no dejes de orar por tu esposo, para que tenga un corazón enseñable y obediente a la Palabra de Dios, pero también es importante que consideres que Dios usa tu circunstancia para pulirte y glorificarse en tu vida; por eso, te propongo que en vez de enfocarte en los cambios que necesita tu esposo, consideres lo siguiente:


1.       PEDIR A DIOS SABIDURÍA. El enojo, el dolor, el miedo y cualquier otro sentimiento negativo no son buenos consejeros. No bases tus decisiones en tus emociones. Busca primero la dirección de Dios: Ora, pide el consejo de personas sabias y escudriña las Escrituras para que tus decisiones estén de acuerdo con Sus principios.

“Porque el Señor da sabiduría, de su boca vienen el consejo y la inteligencia.” Proverbios 2:6.


2.       SER HUMILDE. Acepta que hay áreas en tu vida en las que Dios necesita trabajar.  Deja de considerar a tu esposo el único culpable de los conflictos. Ya no más des justificaciones y excusas, reconoce tus faltas y pide perdón. El pretender ser perfecta y tratar de negar las faltas propias es agotador, mejor invierte tu energía en acciones que edifiquen tu hogar.

“Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas.” Mateo 11:29


3.       NO VICTIMIZARTE. Cuando los demás te ven sufriendo suelen tratarte con amabilidad, ternura y compasión, y eso te hace sentir querida y apreciada, pero no es sano, pues seguramente terminarás creyendo tu papel de víctima y sintiendo autocompasión. En vez de eso mírate como Dios te ve, deja de enfocarte en tus circunstancias y pon la mira en las cosas de arriba.

“Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.” Colosenses 3:2-3.


4.       NO VENGARTE. Dios es justo, puedes confiar en Él. Deja que Él trate con tu esposo en vez de planear vengarte por tu propia mano.

“Nunca paguéis a nadie mal por mal. Respetad lo bueno delante de todos los hombres.
 Si es posible, en cuanto de vosotros dependa, estad en paz con todos los hombres.
Amados, nunca os venguéis vosotros mismos, sino dad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.” Rom 12:17-19.


5.       NO AMARGARTE. Cuando te enfocas en tus carencias, en lo que según tú mereces y no recibes, acabarás amargándote y la amargura destruye, y contamina a los que te rodean.

“Sea quitada de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritos, maledicencia, así como toda malicia.” Efesios 4:31.


6.       PERDONAR. No porque él se lo merezca, sino porque Dios lo manda así. Recuerda que no tiene que ver con que lo sientas,  sino con tu disposición de obedecer a Dios. Decide perdonar.

“Sed más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, así como también Dios os perdonó en Cristo.” Efesios 4:32.



7.       RESPETAR A TU ESPOSO. No significa que aceptes su pecado, sino que le des su lugar como cabeza del hogar y no lo desacredites. No hables mal de él con los demás, cuida su nombre. Hay situaciones que son necesarias exponer cuando pides consejo a la persona adecuada, pero nunca con la vecina que se la pasa llevando información de casa en casa. Cuida lo que hablas de él con los demás, especialmente con tus hijos.

“En todo caso, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete a su marido.” Efesios 5:33.



8.       AMAR A TU ESPOSO. Y no me refiero a entregarte a él en una noche de pasión frente a la chimenea y seguir resentida con él a la mañana siguiente; estoy hablando del amor en un sentido más profundo, hablo de la clase de amor que es una decisión, no un sentimiento pasajero; hablo del amor que es un acto de obediencia a Dios.

“Un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros; que como yo os he amado, así también os améis los unos a los otros.” Juan 13:34.

Ese amor no depende de si tu esposo lo merece o no, es como el amor que Cristo mostró por ti aún siendo pecadora (Romanos 5:8). Es un amor que amor glorifica a Dios y edifica a quien lo recibe, cuya fuente es Dios mismo, por eso, para poder darlo, necesitas estar en comunión con Él.


Y para que tomes aliento, recuerda que NADA, ni siquiera tu crisis actual, te puede separar del amor de Dios (Romanos 8:38-39).

*Sólo una cosa más: Si tu esposo NO es salvo, no esperes que actúe como si lo fuera, en lugar de eso, busca seguir las instrucciones de Dios al respecto. Haz de 1 Pedro 3:1-2 una de tus prioridades.*