11 de enero de 2013

DIFÍCIL POR UNA RAZÓN

(* The wife of Hasdrubal and her children. 1490. Témpera y óleo sobre tabla. 47,1 x 30,6 cm. The National Gallery of art. Washington, USA. Ercole d'Antonio Roberti.)
 
 

Aunque nosotras lo hagamos frecuentemente, Dios no pierde el control nunca. El sigue siendo soberano absoluto de todo cuanto existe, lo reconozcamos o no.

Con certeza podemos descansar en cada una de nuestras circunstancias; hijas, hermanas, amigas, esposas o madres; cualquiera que sean las adversidades que enfrentemos en nuestro día a día, los principios de Dios son los mismos.

En cuanto a la crianza de los hijos aplica lo mismo que en la relación con nuestro cónyuge o con nuestros padres: Todas las pruebas son oportunidades para crecer, son parte del proceso de nuestra transformación por parte de Dios a la imagen de Su Hijo (Santiago 1:2)

A continuación leerás una traducción parcial de un artículo de Christina Fox que leí hace poco y que me pareció digno de ser compartido y tomado en cuenta.


SER PADRES ES DIFÍCIL POR UNA RAZÓN

“Cuando mis hijos eran pequeños, no podía entender por qué las cosas no resultaban como deberían. Leí todos los libros a mi alcance; seguí cada método y paso listado en sus páginas; hice cada cosa que me indicaron hacer; pero mis hijos no siempre dormían de la manera en la que los expertos decían que deberían, no aprendieron a usar el asiento entrenador en un día, no estoy convencida de que hayan tenido buenos modales, y no hicieron lo que les decía a la primera.

Puede haber dado vueltas a esos detalles en mi cabeza sin cesar. Cuando los padres buscan criar a sus hijos de manera piadosa ¿cómo puede resultar tan difícil? No obstante, si creo que Dios es soberano, entonces debo creer que Él es soberano incluso sobre todos los retos que tengo con mis hijos. Si ellos tienen un día complicado, se quejaron y no se llevaron bien, no está fuera de Su control.


Refinando y transformando

Mientras solía desesperarme por los patrones de dormir imperfectos de mis hijos, su comportamiento latoso y el fracaso en decir por favor y gracias, ahora me doy cuenta que hay un propósito en todo esto: refinarme. Cada lucha, cada día exhaustivo, cada problema de conducta un una oportunidad para mí de crecer en mi fe.

Dios usa a mis hijos como espejo que me refleja el pecado que no me había percatado que reside en mi corazón. Ciertamente, Él está usando a mis propios hijos para refinarme y transformarme.

La maternidad está barbechando el suelo de mi corazón, eliminando el pecado que me impide crecer en fe. Algunas de las raíces son profundas, y se han enredado en mi corazón. El reto de criar a mis hijos me ha permitido verlas.

El proceso de eliminarlos a veces es doloroso… pero necesario.

Pero así como Dios expone mi pecado de impaciencia e irritabilidad, él también revela su gracia. Cuando respondo con impaciencia, irritabilidad y egoísmo, Él me muestra su paciencia, amabilidad y el amor de Jesús al morir en la cruz por mí.

Una y otra vez el evangelio de la gracia me lleva a la cruz de Cristo. Jesús sabía que yo nunca sería una madre perfecta, sabía que yo no respondería con amor y gracia a cada momento. Él sabía que tendría días en los que yo fallaría. Y por eso vino. En la cruz Él sufrió por cada vez que soy impaciente, por cada vez que fallo en enseñar y entrenar a mis hijos, y por cada vez que no los amo como él los ama.


Difícil por una razón

La maternidad es difícil. Pero como he aprendido, es difícil por una razón: Dios está quitando la maleza y barbechando el suelo de nuestros corazones para hacernos más como Cristo. Un glorioso día su obra se completará, y veremos el asombroso resultado de su obra de refinamiento en nosotros. La limpieza de nuestro corazón habrá terminado y ya no habrá más pecado.

Que todas nosotras que somos madres, abracemos los retos de la maternidad, sabiendo que cada momento de frustración es una oportunidad para crecer.”


Traducido y adaptado del artículo Parenting is hard for a reason. Publicado en la página de TGC. El 8 de noviembre de 2012.