4 de enero de 2013

COMENZANDO BIEN EL AÑO

(* Sin título. Rafael de Penagos. 1942. Acuarela y gouache cobre cartón. 51 x 38 cm. Fundación Cultural Mapfre Vida.)



“Porque el ejercicio físico aprovecha poco, pero la piedad es provechosa para todo, pues tiene promesa para la vida presente y también para la futura”. 1 Timoteo 4:8.

Este pasaje viene muy a propósito al comenzar el año, porque cada 1 de enero se siente como una nueva oportunidad para comenzar de nuevo (en lo personal, creo que cada día trae consigo esa oportunidad). El caso es que ya sea por este sentimiento de renovación o porque se comienzan a sentir las consecuencias de la falta de dominio propio durante la temporada decembrina, mucha gente presenta una inusual buena disposición para comenzar una rutina de ejercicio que la ayude a bajar de peso.

Creo que ese propósito en sí mismo no es ni bueno ni malo, pero nuestra motivación para hacerlo sí es algo digno de considerar.

Como ya lo he mencionado antes, dado nuestro estilo de vida sedentario, una rutina apropiada de ejercicio suple la actividad física que deberías de tener como parte de nuestras actividades diarias, como en los tiempos antiguos, en los que caminaban distancias considerables a falta de vehículos automotores y la mayoría de las actividades (lavar la ropa, llevar a casa agua del pozo, cocinar, hornear, etc.) requería un esfuerzo físico notable.

Pablo no dice que ejercitarse sea una total pérdida de tiempo, de hecho, tiene algún valor, ya que junto con una buena alimentación, nos ayuda a mantenernos saludables y nos da fuerza y energía para servir al Señor, para Su gloria y Su propósito.

Ahora bien, así como los primeros días de enero nos damos cuenta de la necesidad que tenemos de ejercitarnos y lo queremos comenzar a hacer con entusiasmo, ¡cuánto más debemos sentir entusiasmo y necesidad de Dios! 

Es infinitamente más importante ejercitarnos en la piedad y crecer en la gracia y conocimiento de nuestro Señor, pues al fin de cuentas, nuestro cuerpo se va a deteriorar, pero nuestro hombre interno se irá renovando cada día (2 Corintios 4:16).

¿Qué nutre y fortalece a nuestro hombre interior? Las disciplinas espirituales: Oración, lectura, estudio, meditación y obediencia de la Palabra de Dios.


Que este año y el resto de nuestra vida, Dios sea no sólo nuestra prioridad, sino nuestro todo.