14 de diciembre de 2012

EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA

(Miguel de Cervantes imaginanado al Quijote. s xix, Mariano de la Roca y Delgado)


Mi Amado y yo fuimos a ver el ballet “Don Quijote” lo que despertó en mí el deseo de leer el libro una vez más. Es uno de mis libros favoritos.

Es un hecho que Cervantes, su autor, conocía la Biblia. Como lo menciona Juan Antonio Monroy en su libro “La Biblia en El Quijote”(1), - por cierto, es un libro muy interesante y recomendable-, luego de tres lecturas minuciosas de Don Quijote, encontró trescientas referencias a las Sagradas Escrituras.

Por ejemplo: 

- Menciona a la Reina de Sabá y a Salomón en el capítulo 21 de la primera parte.

- A David y Betsabé, en el capítulo 27 de la primera parte.

- En el capítulo 22 de la segunda parte hayamos textos de los libros de Job, Salmos, Eclesiastés e Isaías.

- Cervantes cita a más de 300 personajes bíblicos en ésta gran obra de la literatura universal.

Quiero compartir con ustedes, amigas, uno de los pasajes con consejos dignos de atenderse así como algunos datos de su autor, pero antes, mi cita preferida de Don Quijote hablando de Jesús: 


“Porque Jesucristo, Dios y hombre verdadero, que nunca mintió ni puede mentir, siendo legislador nuestro, dijo que su yugo era suave y su carga liviana; y así, no nos había de mandar cosa que fuese imposible el cumplirla.”
Párrafo 10, Capítulo 27 de la segunda parte.

Miguel de Cervantes Saavedra (1547 – 1616).

Nació en Alcalá de Henares. Fue el cuarto hijo de Rodrigo de Cervantes y doña Leonor de Cortinas, hidalgos pobres.

En 1597, por negocios desafortunados, fue encarcelado en Sevilla donde se presume que escribió la primera parte del Quijote. En 1605 se publica la primera parte de “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha” y en 1615 la segunda parte.

Miguel de Cervantes murió el 23 de abril de 1616, curiosamente el mismo día de la muerte de Shakespeare (según el calendario Juliano, que se usaba en Inglaterra; en realidad Shakespeare murió el 3 de mayo).

La vida de Cervantes abundó en desdichas, sin embargo, en el Quijote encontramos “La expresión más feliz del carácter español, con su idealismo y su buen sentido práctico.” Ciertamente esta novela es nacional, pero sobre todo es humana y por ello universal. El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha es, después de la Biblia, el libro más editado del mundo.




DE LOS CONSEJOS QUE DIO DON QUIJOTE A SANCHO PANZA ANTES DE QUE FUESE A GOBERNAR LA ÍNSULA, CON OTRAS COSAS BIEN CONSIDERADAS.

"Primeramente ¡oh hijo! Has de temer a Dios; porque en el temerle está la sabiduría…

Haz gala, Sancho, de la humildad de tu linaje, y no te desprecies de decir que vienes de labradores; porque viendo que no te corres, ninguno se pondrá a correrte, y préciate más de ser humilde virtuoso que pecador soberbio. Innumerables son aquellos que, de baja estirpe nacidos, han subido a la suma dignidad pontificia e imperatoria; y desta verdad te pudiera traer tantos ejemplos, que te cansaran.

Mira, Sancho: si tomas por medio a la virtud y te precias de hacer hechos virtuosos no hay para qué tener envidia a los que los tienen príncipes y señores; por que la sangre se hereda, y la virtud se aquista, y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale.

Siendo esto así, como lo es, que si acaso viniere a verte cuando estés en tu ínsula alguno de tus parientes, no le deseches ni le afrentes; antes de has de acoger, agasajar y regalar; que con esto satisfarás al cielo, que gusta que nadie se desprecie de lo que él hizo, y corresponderás a lo que debes a la naturaleza bien concertada.

Si trujeres a tu mujer contigo (porque no es bien que los que asisten a gobiernos de mucho tiempo estén sin las propias), enséñala, doctrínala, y desbástala de su natural rudeza; porque todo lo que suele adquirir un gobernador discreto suele perder y derramar una mujer rústica y tonta.

Nunca te guíes por la ley del encaje, que suele tener mucha cabida con los ignorantes que presumen de agudos.

Hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia, que las informaciones del rico.

Procura descubrir la verdad por entre las promesas y dádivas del rico como por entre los sollozos y las importunidades del pobre.

Cuando pudiere y debiere tener lugar la equidad, no cargues todo el rigor de la ley al delincuente; que no es mejor la fama del juez riguroso que la del compasivo.

Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia.

Cuando te sucediere juzgar algún pleito de algún tu enemigo, aparta las mientes de tu injuria y ponlas en la verdad del caso.

No te ciegue la pasión propia en la causa ajena; que los yerros que en ella hicieres, las más veces serán sin remedio; y si le tuvieren, será a costa de tu crédito, y aun de tu hacienda.

Si alguna mujer hermosa viniere a pedirte justicia, quita los ojos de sus lágrimas y tus oídos de sus gemidos, y considera despacio la sustancia de lo que pide, si no quieres que se anegue tu razón en su llanto y tu bondad en sus suspiros.

Al que has de castigar con obras no trates mal con palabras, pues le basta al desdichado la pena del suplicio, sin la añadidura de las malas razones.

Al culpado que cayere debajo de tu jurisdicción considérale hombre miserable, sujeto a las condiciones de la depravada naturaleza nuestra, y en todo cuanto fuere de tu parte, sin hacer agravio a la contraria, muéstrate piadoso y clemente; porque aunque los atributos de Dios todos son iguales, más resplandece y campea a nuestro ver el de la misericordia que el de la justicia.

Si estos preceptos y estas reglas sigues, Sancho, serán luengos tus días, tu fama será eterna, tus premios colmados, tu felicidad indecible: casarás a tus hijos como quisieres; títulos tendrán ellos y tus nietos, vivirás en paz y beneplácito de las gentes, y en los últimos pasos de la vida te alcanzará el de la muerte en vejez suave y madura, y cerrarán tus ojos las tiernas y delicadas manos de tus terceros netezuelos. Esto que hasta aquí te he dicho son documentos que han de adornar tu alma…"



(1) Monroy, Juan Antonio. La Biblia en el Quijote. CLIE. 2005.

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