9 de noviembre de 2012

CARIÑO, TENEMOS QUE HABLAR...

(* Tarde de verano nórdica. Richard Bergh)


En todo matrimonio hay asuntos que no podemos dejar pasar, que se deben hablar para encontrar una solución, pues los problemas no desaparecen solos.

Cuando vemos que nuestro esposo no atiende lo que nos preocupa, tendemos a disminuir la confianza, el respeto y admiración que le profesamos; nos sentimos decepcionadas, inseguras, desanimadas y heridas, por eso a veces divulgamos el problema con quien no es parte de el ni puede aportar para su solución, es decir, vamos con el chisme, esperando que la persona a quien se lo contamos se haga nuestra cómplice y nos apoye en nuestro papel de víctimas. 

Y es hasta que no soportamos más cuando decidimos discutirlo con nuestro cónyuge, lo malo es que en ese momento nos dejamos llevar por las emociones acumuladas y, entonces, nuestro esposo reaccionará a nuestro desborde de lágrimas, gritos, manoteo o frases teatrales en lugar de enfocarse objetivamente en su responsabilidad para lidiar con el problema, escuchar lo que nos preocupa y juntos llegar a un acuerdo en cuanto a la solución… y ¡ni hablar de llevarlo en oración al Señor!

Gracias a Dios, podemos evitar caer en el dramático cuadro anterior.

Podemos ser sabias y hablar de los problemas con nuestros esposos considerando lo que nuestro Creador, quien mejor nos conoce y quien más nos ama, dice en Su Palabra.

La Biblia habla mucho sobre este tema, y si aún no sabes cómo estudiar la Biblia, hay abundante material cristiano que trata el tema, también están tus pastores y líderes espirituales para ayudarte y aconsejarte de acuerdo a la Biblia.

Por mi parte, te comparto un poco de las instrucciones que encontramos en la Biblia que nos pueden ayudar a mejorar la comunicación con nuestro esposo:


Oración. Este punto es fundamental pues de él se desprende que lleguemos a la plática con la motivación y actitud correctas.

Te sugiero que incluyas estas áreas (enfocadas en tu responsabilidad) en tu oración:

- Que puedas comprender a tu esposo.
- Que seas capaz de ver qué tanto controlas tu lengua. 
- Que Dios te ayude a poner freno a tu lengua.
- Que ambos busquen la Voluntad de Dios y no quieran hacer las cosas cada quien a su manera.
- También pídele a Dios que les ayude a ver cuáles son los obstáculos en la solución del problema y cómo vencerlos.


Seamos prontas para oír. Aprendamos a escuchar, a enfocarnos sin prejuicios en lo que la otra persona nos está tratando de comunicar. Requiere abnegación y paciencia. Santiago 1:19.


Seamos tardas para hablar. Hagamos apelaciones sabias, como las hizo Ester. No nos defendamos, justifiquemos ni tratemos de imponer nuestra voluntad abierta o veladamente: ¡NO MANIPULEMOS!


No hiramos, ni ofendamos.  Venzamos nuestro impulso de responder a la defensiva, en cambio, hagámoslo siempre con verdad, bondad y templanza. Efesios 4:29.


Pensemos antes de hablar. No hablemos por hablar, si lo que vamos a decir no va a edificar mejor callemos. Que aun nuestras preguntas sean con sentido, buscando tener un panorama completo del asunto. Pr. 10:19; 15:28.


Cuestionémonos de vez en cuando para ver en qué podemos mejorar, con preguntas como: “¿Se siente mi esposo libre para hablar conmigo? ¿Por qué? ¿Qué cambios puedo hacer para mejorar esto?”


Tal vez debamos de ir contra años de malos hábitos al comunicarnos, pero no hay que desanimarnos, recordemos que Dios nos da las instrucciones y la gracia que necesitamos para enfrentar cada situación de nuestra vida.