28 de septiembre de 2012

PARA TI, QUERIDA MAMÁ AGOTADA

(* Maternidad. Nicanor Piñole. 1904. Óleo sobre lienzo. 164x100 cm. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Madrid, España.)


"Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo." 2 Corintios 12:9.


Piensas en la ropa sucia acumulada, en los platos de la cena de ayer que siguen sin lavar, en que ya van cuatro días que tus hijos se van a la cama sin que les leas el salmo del día, y que por las mañanas eres la mujer más congruente del mundo porque te ves como te sientes: ¡FATAL!

Si estuvieras en este momento sentada frente a mí, lo único que te diría es “no eres un fracaso como madre”.

La imagen de la madre perfecta que al despertar a su familia está resplandeciente, con cada cabello en su lugar, vestido sin una arruga, collar de perlas y luciendo un inmaculado delantal blanco después de haber hecho el desayuno para su familia es irreal.

En varios medios de comunicación, la imagen de una “buena madre” parece el tablero de pinterest de una aristócrata que sólo supervisa el trabajo de sus empleadas domésticas. 
Y no sólo estos medios presionan. ¿Qué tal el “cuando yo tenía tu edad, podía dormir 4 horas y despertar lista para atender a mi familia”, de tu mamá o tu suegra? Y no olvidemos a las otras madres presumiendo los últimos grandiosos logros de sus retoños. Puede ser difícil, pero no permitas que los medios, tus amigas, ni siquiera tus familiares te presionen.

Relájate.

Sí, ya sé. Tú crees que precisamente ese es el problema. Que te has relajado y por eso no te alcanza el día para hacer todo lo que deberías y tener tu hogar como casa de revista. Pero OJO, dije 'relájate', no 'procrastina'' ni tampoco 'holgazanea'.

¿Cómo relajarte?

Una buena manera sería no añadiendo cargas a tu vida para cumplir las expectativas de perfección de los demás. Date la oportunidad de cometer errores. Los errores no son sinónimo de fracaso, pueden ser instrumentos de aprendizaje.

Que alguna vez se queme el arroz, se encoja alguna prenda por ponerla en la secadora, incluso que reprendas injustamente a un niño o contestes de manera brusca, es parte de la vida porque no somos perfectas.

Lo importante es que aprendas de esas faltas y, si alguna de ellas constituyó un pecado, entonces arrepiéntete y pídele a Dios de su gracia para que no sea algo recurrente.

Otra actividad que te vendría bien es reunirte con amigas edificantes, que te apoyen y animen. Las compañías chismosas y quejumbrosas sólo te harán caer en las mismas actitudes que ellas, robándote tu tiempo y energía.

También te puede ayudar llevar una agenda en la que apuntes lo urgente (aquello que en verdad no puedes dejar de hacer ese día), las tareas cotidianas y un tiempo para ti. Apegarte a ese horario en la medida de lo posible hará tu día más sencillo.

Por último, no olvides buscar los bellos detalles del día a día y, si no logras hallar alguno, ¡créalo tú! Una bebida fresca o un helado de tu sabor favorito acompañado de una lectura edificante o un canto de alabanza a nuestro Señor puede ser el toque que tu día necesita.

Ahora, te doy mi mayor razón por la que aun sin conocerte puedo afirmar que tú, hija de Dios, NO ERES UN FRACASO COMO MADRE: DIOS NO SE EQUIVOCA.

Él sabe lo que es mejor para tus hijos; lo sabía desde antes de su nacimiento, y por eso les ha dado a quien Él sabe que es la mejor mamá para ellos: TÚ. Sí, tú, con todo y tus imperfecciones.

Dios sabe que en Él, por Su gracia y para Su gloria, tú puedes llevar a cabo la hermosa tarea de la maternidad.

Ya deja de escuchar y creer lo que el mundo dice y dedícate a conocer y obedecer a Dios, quien ha comenzado la buena obra en ti y la perfeccionará hasta que estés en Su presencia ¡Que reconfortante promesa!