17 de febrero de 2012

AMADA

(* Sin Título. Modernismo. 1905. Centro de la Amistad de Córdoba, España. Julio Romero de Torres.)


"En esto conocemos el amor: en que El puso su vida por nosotros" 1Juan 3:16.

Hay mujeres que se sienten devaluadas, solas, tristes. Hablo de adolescentes luchando por la aceptación de cierto grupo, profesionistas dispuestas a todo por un mejor puesto, mujeres que para sentirse seguras necesitan atraer la mirada de los hombres, en fin: mujeres basando su valor en cosas vanas y efímeras.

¿Sabes qué es lo que te hace verdaderamente valiosa? 

Podemos saber el valor de un objeto por lo que se paga por él, por ejemplo: En una subasta sabemos que se ofrecerán grandes sumas por un cuadro de Picasso o de Goya. Bien, ¿qué te dice el altísimo precio que se pagó por ti?

Romanos 6:23 establece que el resultado del pecado es la muerte, una eternidad separadas de Dios. Tú y yo pecamos, merecíamos la muerte. Sin embargo, Jesucristo pagó el precio de nuestro rescate: Murió en nuestro lugar. Él llevó el castigo que tú y yo merecíamos.

Lee Isaías 53 para que puedas tener una idea de la magnitud del sacrificio voluntario de Jesús como nuestro sustituto. En ese pasaje vemos a Jesús, el Hijo de Dios, humillado, quebrantado, golpeado, molido; si le preguntas “¿por qué?” su respuesta es: “Porque te amo” Juan 3:16.

Fíjate en las palabras de Sinclair Ferguson:

"Cuando pensamos en Cristo muriendo en la cruz, vemos hasta dónde llega el amor de Dios por nosotros para que volvamos a Él. Nos está diciendo: “Así de mucho los amo”.

Cristo murió por nosotros. Tomó nuestro lugar ante el trono del juicio de Dios. Ha cargado con nuestros pecados. Dios hizo algo en la cruz que jamás podríamos hacer por nuestros propios medios. Sin embargo, en esa cruz, además de lo que Dios hace por nosotras, hace algo en nosotras: Nos convence de que nos ama" (1).

Dios te amó tanto que envió a Su Hijo para que derramara su sangre en la cruz y pagara así el castigo por tu pecado, de modo que al creer en Él pudieras tener vida eterna. Así que cuando sientas que nadie te ama, que a nadie le importas, vuélvete a la cruz y mira al Salvador agonizante, porque te amó… y lo sigue haciendo.

(1)Sinclair Ferguson, Grow in Grace, Banner of truth, Carlisle, PA, 1989, pp 56, 58.

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