28 de octubre de 2011

ETERNAMENTE BELLA

(* Jeanne Samary. Impresionismo 1877. Óleo sobre lienzo 56x47. Museo Pushkin de Bellas Artes de Moscú,Rusia. Pierre Auguste Renoir.)

“Engañosa es la gracia y vana la belleza, pero la mujer que teme al Señor, ésa será alabada”. Proverbios 31:30.

Hace poco vi el anuncio de una clínica de cirugía plástica que decía: “Porque la belleza interior no es suficiente”. Me dolió profundamente, porque sé que hay mujeres vulnerables a ese mensaje.

Cuestionémonos: “no es suficiente ¿para qué?”

Es cierto que la belleza interior no es suficiente para llenar los requerimientos de un sistema que se centra en lo superficial y que enseña a las mujeres a valorarse con base en lo que otros digan de ellas. Es importante notar que dicho sistema brinda un tipo de “aceptación” condicionada, por lo que nada será suficiente, pues siempre habrá alguien más alta, más delgada, más inteligente, más joven, más bonita, más…

Si crees que la belleza interior no es suficiente y que es necesaria la belleza exterior para lograr lo que deseas, sería bueno que revisaras si tus deseos están alineados con el propósito de Dios para tu vida. 

Cuando nuestro estilo de vida se vuelve egocéntrico en vez de Cristocéntrico, lo eterno e interno pasa a segundo plano y se crean vacíos que tratamos de llenar con cosas vanas.

Jesús no necesitó ser un todo un galán para llevar a cabo la voluntad del Padre. (Lee Isaías 53).

Día a día, conforme conocemos y obedecemos a Dios, Él trabaja en nuestro carácter para que podamos ir creciendo a la imagen de Su Hijo, esto es suficiente para ir cumpliendo Su voluntad en nuestra vida.

No quiero decir que no hay problema en lucir sucias y descuidadas, por el contrario, está bien que procuremos una apariencia agradable que refleje la hermosa obra de Dios en nosotras, lo que quiero decir es que no consideremos la belleza física como un elemento necesario para realizarnos.

Una imagen de modestia y feminidad es una de la maneras en que se reflejan las bellas cualidades de carácter que Dios desarrolla en nosotras, sus hijas. 

Nuestro propósito como hijas de Dios es hacer la voluntad de nuestro Padre, por eso la belleza interior que se perfeccionará cuando estemos en Su presencia y que es el resultado de Su obra en nosotras ¡sí es suficiente!

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