19 de agosto de 2011

EL RESPETO

(Sisley and his wife, 1868 Renoir)


“Nada hagáis por contienda o vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.” Fil. 2:3-4.

Éste verso me muestra el respeto en la vida diaria.

Últimamente he estado reflexionando en la importancia del respeto en el matrimonio.

¿Has visto a una pareja muy “acaramelada” cuando de pronto uno de los dos le responde con rudeza, se burla o corrige notoriamente al otro? Entonces, las muestras de cariño parecen falsas e insuficientes o meras caretas; en cambio, puedes ver cómo una pareja donde hay mutuo respeto y consideración, reflejan armonía, aprecio y estabilidad.

El respeto no puede fingirse por mucho tiempo y, a diferencia del romanticismo, una vez perdido diría que es prácticamente imposible de recuperar sin ayuda de Dios. 

Es fácil acostumbrarse a la falta de respeto, de tal manera que a veces las parejas que adolecen de él ya no lo notan, y les parecen exagerada la deferencia entre las parejas que sí lo conservan, de allí que para tratar de justificarse usen frases como “A él no le molesta que le hable así”; “No hay problema, ya sabe que así nos llevamos”; “Esas cosas (atenciones) no son necesarias para nosotros", etc. Pero el estándar no lo ponemos nosotros, lo pone Dios en su palabra.

El respeto es indispensable para poder cumplir la instrucción de Dios en cuanto a tratar a las esposas como vasos frágiles, y es la orden explícita de Dios a nosotras las mujeres para tratar a nuestro esposo. 

Nuestro cónyuge no debe ganarse nuestro respeto para entonces recibirlo de nuestra parte, le respetemos no porque sea digno o no, sino por obediencia a Dios. 

El respeto que le tengo a mi pareja puede ser un indicador del respeto que realmente le tengo a Dios, pues es Él quien lo manda.

Seamos obedientes a Dios, dándole a nuestro cónyuge el lugar que Él nos manda que le demos. 

Tengamos siempre en mente que nuestra pareja es ante todo un hijo de Dios, y coheredero de la gracia. Tengámoslo por superior a nosotros mismos y aprendamos a apreciar los dones y talentos que Dios le ha dado.

Esforcémonos por mantener el respeto en nuestro matrimonio, y si ya se ha perdido, hay que luchar sin desmayar por recuperarlo, con ayuda de Dios.

Meditemos y preguntemos a nuestra pareja, estando dispuestas a escuchar su respuesta sin interrupciones y sin presentar excusas, lo siguiente:

¿Qué le hace sentirse respetado e irrespetado por mí?

¿Qué cambios puedo hacer para mostrarle mi respeto?

“La manera como nos comportamos día tras día es, en gran medida, la manera como respetamos o irrespetamos a las personas que nos rodean.
Y, sin duda alguna, la manera como se relacionan el esposo y la esposa es el reflejo del respeto y admiración que tienen el uno al otro. ¡Esa es la razón por la que la desavenencia conyugal es siempre el fruto de un gran irrespeto en algún aspecto de la relación!” (1)

(1) James Dobson, El amor debe ser firme, Editorial Vida. p 44, 45.

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