4 de marzo de 2011

ENTRENAMIENTO DE LOS NIÑOS III

(*La familia, Mary Cassat)

Esta es la tercera y última parte de un artículo de J. C. Ryle.

* Entrénale con amor, cuidando constantemente no consentirlos en exceso.

Sé muy bien que el castigo y la corrección son cosas desagradables. Nada es más antipático que proporcionar dolor a quienes amamos y provocar sus lágrimas. Pero es vano suponer que se pueda criar a un niño sin corrección. Consentir es una palabra muy expresiva y tristemente llena de significado. La vía más corta para consentir a los niños es dejarles hacer las cosas a su manera – permitirles que hagan mal y no castigarlos por ello. Créeme, no lo hagas, cueste lo que cueste, a menos que quieras arruinar el alma de tus hijos.

"El que escatima la vara odia a su hijo, mas el que lo ama lo disciplina con diligencia" (Proverbios 13:24).

"El que escatima la vara odia a su hijo, mas el que lo ama lo disciplina con diligencia" (Proverbios 22:15).

"No rehúses la corrección del muchacho: porque si lo hirieres con vara, no morirá. Tú lo herirás con vara, y librarás su alma del infierno" (Proverbios 23:13,14).

"La vara y la corrección dan sabiduría: mas el muchacho consentido avergonzará a su madre. Corrige a tu hijo, y te dará descanso, y dará deleite a tu alma" (Proverbios 29:15,17).

¡Qué fuertes y contundentes son estos versículos! ¡Qué triste el hecho de que en muchas familias cristianas no siempre se practican! Algunos de los actos de tus hijos requieren reprobación, pero raramente se da; requieren corrección, pero casi nunca se emplea; y sin embargo este libro de Proverbios no es obsoleto ni inútil para el cristiano, ha sido inspirado por Dios y es muy útil. Seguramente el creyente que cría a sus hijos sin atender a Sus consejos se cree más sabio que lo que está en la Palabra de Dios y se equivoca grandemente.

Padres, por el bien de sus hijos, cuiden del consentimiento excesivo. Acuérdense de que su primer deber es formarlos, no complacer sus caprichos; entrenarlos, no seguirles la corriente; dar lo que sea de provecho, no simplemente complacer.

No deberías ceder a cada deseo y capricho que entre a la mente de tus hijos a pesar de cuánto les ames; no deberías permitirles pensar que su voluntad lo es todo todo y que solamente tienen que desear algo y les será hecho. Te pido que no hagas ídolos de tus hijos. Aprende a decir "No" a tus hijos. Muéstrales que eres capaz de negarles cualquier cosa que pienses que no les es útil.

Evita empezar a amenazar perpetuamente. No permitas que pase la desobediencia sin castigarla. Cuidado de permitir pasar desapercibidas las fallas pequeñas bajo la idea "es una pequeña." No hay cosas pequeñas al entrenar a los hijos; todas son importantes. Hay que quitar las malezas chiquitas como cualquier otra. Déjalas y pronto se pondrán grandes. Lector, si no te molestas con tus hijos cuando están pequeños, ellos te molestarán cuando sean grandes.

* Entrénale recordando continuamente cómo Dios entrena a sus hijos.

Te pido que tomes a pecho las lecciones que te quieren enseñar los tratos de Dios con su pueblo. No temas negar a tus hijos cualquier cosa que piensas que les hará daño, aunque sea algo que deseen. Esto es el plan de Dios. Consentir perpetuamente es el camino al egoísmo, y la gente egoísta y los hijos consentidos raramente están contentos. Lector, no pretendas ser más sabio que Dios; entrena a tus hijos como Él entrena a los suyos. (Proverbios 3:11-12)


* Entrénales con la influencia de tu propio ejemplo.

No hay sustituto para la piedad - la realidad de Dios en las vidas de los padres.

La instrucción, el consejo, y las órdenes serán de poca utilidad si no están respaldados por el patrón de tu vida. No se te olvide que los niños aprenden más por la vista que por el oído. Lo que ven surte un efecto más fuerte en sus mentes que lo que se les dice.

Sé una epístola viva de Cristo, que tus hijos puedan leer claramente. Sé un ejemplo en palabra, en temperamento, en diligencia, en templanza, en fe, en benignidad, en humildad. Tu razonamiento y tu sermón, tus instrucciones sabias y tu buen consejo quizás no lo entenderán del todo, pero sí pueden entender tu vida. Mientras disfrutas a Cristo en tu propia vida, ellos creerán que es algo real. Los niños son muy listos para observar, muy prontos para percibir la hipocresía, muy prontos para descubrir lo que realmente piensas y sientes, muy prontos para adoptar todas tus maneras y opiniones; y en general descubrirás que de tal padre, tal hijo.


* Entrénale recordando el poder del pecado.

Es doloroso ver cuánta corrupción y maldad hay en el corazón de un joven y cuán rápido empieza a dar fruto. Carácter violento, obstinación, orgullo, malhumor, cólera, ociosidad, egoísmo, engaño, astucia, falsedad, hipocresía, una terrible aptitud para aprender lo malo, una dolorosa lentitud para aprender lo bueno, una disposición para fingir cualquier cosa con el fin de lograr sus propios fines. No creas que es raro e inusual que los pequeños corazones puedan estar tan llenos de pecado. Es simplemente la porción que nuestro padre Adán nos dejó; es aquella naturaleza caída con que entramos al mundo.

No te confíes porque alguien te diga que tus hijos son buenos y bien criados y que se puede confiar en ellos. Sé cauteloso. Acuérdate de la depravación natural de tus hijos y ten cuidado.


* Entrena con oración continua por ellos.

Considera a tus hijos como Jacob consideraba a los suyos; le dice a Esaú, que ellos son "los niños que Dios ha dado a tu siervo" (Génesis 33:5). Considéralos como José consideraba a los suyos; dijo a su padre, "Son mis hijos, que Dios me ha dado aquí" (Génesis 48:9). Considéralos como el salmista, que son "herencia de Jehová" (Salmo 127:3). Mira cómo Manoa habla con el ángel acerca de Sansón: "¿Cómo debe ser la manera de vivir del niño, y qué debemos hacer con él?" (Jueces 13:12). Observa con cuánta ternura Job cuidaba las almas de sus hijos: "Ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque decía Job: Quizás habrán pecado mis hijos, y habrán blasfemado contra Dios en sus corazones. De esta manera hacía todos los días" (Job 1:5).

Nunca podrá ser demasiada la oración por tus hijos.