25 de febrero de 2011

ENTRENAMIENTO DE LOS NIÑOS II

(* La familia. Mary Cassatt, 1892)

Esta es la segunda de tres partes de un artículo de J. C. Ryle.


* Entrénales a reunirse con el pueblo de Dios de acuerdo a las Escrituras.

Diles que donde se reúne el pueblo del Señor en su nombre, ahí está presente el Señor Jesús de una manera especial y los que están se pierden de una bendición. "No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre" (Hebreos 10:25).

No les permitas crecer con una costumbre de decidir si quieren asistir o no.

Tampoco es recomendable lo que llamo un "rincón para los jóvenes" en la congregación. A menudo adquieren hábitos de falta de atención e irreverencia los cuales requieren años para desaprender, si acaso se puede. Lo deseable es ver toda la familia sentada junta. "Hemos de ir con nuestros niños y con nuestros viejos, con nuestros hijos y con nuestras hijas…porque es nuestra fiesta solemne para el Señor" (Éxodo 10:9).


* Entrénales a obedecerte sin tener que saber siempre el por qué.

Debemos enseñarles a aceptar todo lo que les requiramos como para su propio bien.

He oído decir que no debemos requerir a los hijos nada que no puedan entender, que deberíamos explicar y dar una razón por todo lo que les pidamos. Te advierto seriamente contra tal idea. Te digo claramente que es un principio precario y no de acuerdo con las Escrituras. Sin duda es absurdo crear un misterio de todo lo que hagamos, y hay muchas cosas de que es bueno explicar a los niños para que puedan ver que son razonables y sabias. Pero criarlos con la idea de que no pueden confiar en nosotros – que hay que aclararles el "por qué" a cada paso que tomen – es un error espantoso. Al entrenarlos para obedecernos, los estamos preparando para obedecer a Dios, y a nuestro Señor lo debemos obedecer siempre, aunque no siempre entendamos el por qué.


* Entrénales en una costumbre de obedecer rápidamente.

Este es un objetivo que vale la pena lograr. Supongo que ninguna costumbre tiene tanta influencia sobre nuestras vidas como ésta. Padres, determinen hacer que sus hijos les obedezcan a la primera, aunque les cuesta a ustedes muchos problemas y a ellos muchas lágrimas. Que no haya nada de cuestionar, negociar, disputar, titubear y contestar. Cuando les den una orden, que ellos vean claramente que ustedes exigirán que se cumpla. La marca de hijos bien entrenados es que éstos hacen lo que sea que les ordenan sus padres. En serio, ¿dónde está la honra que impone Efesios 6:1, si a los padres no se les obedece con gusto, alegre y rápidamente? (Efesios 6:1-4; Colosenses 3:20)

Nunca es demasiado temprano para que los niños aprendan que este es un mundo en el que no reinan divinamente, y no estamos en nuestro lugar correcto hasta que sepamos obedecer. Enséñales a obedecer mientras están chicos o se van a quejar contra Dios toda la vida, con la vana idea de ser independientes de su control. La consecuencia en el carácter de ese niño será la maldad y la presunción.


* Entrénale a decir la verdad siempre, toda la verdad, y nada más que la verdad.

Anímales a ser francos en cualquier situación y, a toda costa, decir la verdad.

Lo insisto para nuestro propio consuelo y asistencia en nuestro trato con ellos. Encontraremos mucha ayuda al poder confiar siempre lo que nos digan.


* Entrénale en la costumbre de siempre redimir el tiempo.

La ociosidad es la madre de todos los vicios. Es la manera más segura de darle una oportunidad para hacer daño. Una mente inactiva es como una puerta abierta, y dará lugar a que malos pensamientos. Tenemos que tener nuestras mentes y nuestras manos ocupadas con algo. Creo que la ociosidad ha conducido a más pecado que cualquier otro vicio que se puede nombrar. Es bueno ver a los niños activos e industriosos y poniendo todo su corazón en lo que hagan.