18 de febrero de 2011

ENTRENAMIENTO DE LOS NIÑOS I

(* La familia. Mary Cassatt, 1892)


Una querida amiga compartió conmigo este artículo cuyos puntos ha puesto en práctica, y yo he sido testigo de los espléndidos resultados en la formación de sus pequeños. No puedo citar la fuente primaria pues a ella se lo regalaron impreso citando sólo al autor: J.C. Ryle


"Criadlos en la disciplina e instrucción del Señor" (Efesios 6:4).


El entrenamiento de los niños es un tema en el que podemos ver las fallas ajenas más claramente que las propias. Suele ser alguien externo quien nos hace notar las fallas en la educación de nuestros hijos y, lejos de ofendernos, debemos considerar la posibilidad de que tengan razón.


Veamos algunas de las bases al entrenar a un niño.



* Si vamos a entrenar sabiamente a nuestros hijos, tenemos que entrenarlos de acuerdo con la Palabra de Dios.

Recuerda, los niños nacen con una inclinación marcada hacia el mal. Por lo tanto, si dejamos que ellos mismos escojan, es seguro que tarde o temprano van a escoger mal. "La necedad," dice Dios, "está ligada en el corazón del muchacho" (Proverbios 22:15). "El muchacho consentido avergonzará a su madre" (Proverbios 29:15).

Entonces, si vamos a tratar a nuestros hijos sabiamente, no hemos de dejarles a la dirección de su propia voluntad. No deberíamos permitirles andar por sus propios gustos caprichosos e inclinaciones. Aún no sabe lo que es bueno para su mente y alma como no sabe lo que es bueno para su cuerpo. No les permitas decidir qué van a comer y qué van a tomar. ¡Cuántos escándalos vergonzosos se podrían evitar si desde un inicio los padres buscaran más la sabiduría divina en lugar de la aprobación de su hijo en cuanto a qué es mejor servirle al niño en su plato!

La obstinación es casi la primera cosa que aparece en la mente de un niño, y nuestro primer paso debe ser resistirla.


* Entrénale con toda ternura, afecto, y paciencia.

Que vean que los amas. Amabilidad, mansedumbre, longanimidad, paciencia, compasión, una disposición para tomar parte en problemas infantiles y en las alegrías triviales – estas son las cuerdas por las cuales un niño puede ser guiado más fácilmente; estas son las pistas que tienes que seguir si vas a encontrar el camino a su corazón.

La severidad y la dureza del trato enfría a los niños. Hace que se cierren sus corazones, y te cansarás tratando de encontrar la puerta. Pero que vean que tienes un sentimiento cariñoso hacia ellos y que por eso si los castigas, es para su bien.

Los niños son criaturas débiles y frágiles, y como tales, necesitan un trato paciente y compasivo.

No debemos esperar todas las cosas de repente. Tenemos que recordar lo que son y enseñarles lo que puedan procesar. Su entendimiento es como vasijas de cuello angosto; debemos llenarles con el vino de conocimiento gradualmente o mucho de éste se va tirar y desperdiciar. Verdaderamente hay que tener paciencia al entrenar a un niño, pues sin ella no se puede hacer nada.

Nada puede compensar la falta de ternura y amor. Puedes marcarle al niño su deber, ordenar, amenazar, castigar, razonar; pero si le falta cariño a tu trato, tu labor será en vano. El amor es el gran secreto de entrenar con éxito. El enojo y la aspereza podrán asustar, pero no persuadirán al niño de que tienes razón; y si a menudo te ve perder la calma, pronto perderás su respeto. El miedo pone fin a la transparencia de actitud; el miedo lleva a ocultar cosas; el miedo siembra la semilla de la hipocresía y lleva a muchas mentiras. Hay una mina de verdad en las palabras del apóstol a los Colosenses. "Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten" (Colosenses 3:21).


* Siempre recuerda que el alma de tu hijo es lo primero para ser considerado.

Sin duda, son preciosos estos pequeños a nuestros ojos; si los amamos, pensaremos a menudo en sus almas. Ningún interés nos importará tanto como su bienestar eterno. Este es el pensamiento que debe ocupar el primer lugar en nuestras mentes en todo lo que hagamos para nuestros hijos. "¿Cómo afectará esto sus almas?"

Mimar y consentir a nuestros hijos como si este mundo fuera todo lo que tuvieran que esperar y esta vida fuera su única temporada de felicidad no es amor verdadero, sino crueldad. Tampoco es fidelidad a Cristo.


* Entrena a tu hijo en el conocimiento de la Biblia.

No podemos obligar a nuestros hijos a amar a Dios. Nadie más que el Espíritu Santo les puede dar un corazón que se deleita en la Palabra. Pero sí podemos introducirles a la Biblia;  te aseguro que nunca será demasiado temprano para que conozcan este bendito Libro. Deja que ese sencillo Libro sea el primordial en el entrenamiento de sus almas y que todos los demás libros tomen segundo lugar.


* Entrénales en una costumbre de oración.

Padres, si aman a sus hijos, hagan todo lo que puedan para entrenarles en una costumbre de oración. Enséñales cómo empezar y qué decir. Anímales a perseverar. Llámales la atención si se ponen negligentes y flojos en cuanto a orar. La manera en que oren nuestros hijos es un asunto que requiere nuestra mayor atención. Parece que pocos saben que caen en un hábito de orar en una manera rápida, negligente, e irreverente. Lector, si amas a tus hijos, te encargo que no dejes pasar el tiempo de sembrar la costumbre de orar.


NOTA: Se usa el verbo "entrenar" por que es la traducción literal del inglés "train" en Proverbios 22:6. En la Reina Valera aparece como "Instruye" y en la Biblia de las Américas como "enseña".