14 de enero de 2011

IMPLEMENTANDO UNA CULTURA DE PREVENCIÓN EN LA FAMILIA

(Episodio de la fiebre amarilla en Buenos Aires. Juan Manuel Blanes)

Crecí en una ciudad con frecuente actividad sísmica, por eso en la escuela, además de los simulacros de incendio y accidente, se hacían simulacros de terremoto. Curiosamente, los sismos de mayor intensidad los viví estando en casa.


Prepararnos como familia para enfrentar las emergencias no sólo puede hacer la diferencia en una crisis, también es una actividad didáctica divertida.

Estas son algunas recomendaciones al respecto.

Ten un botiquín en casa, tu médico familiar te puede informar sobre lo que debe contener.

Ten uno o varios extintores a la mano. Su número depende del tamaño y distribución de tu casa. No te confíes en que tienes uno en el auto, puede que no alcances a llegar a la cochera a tiempo.

Ten los números de emergencia a la mano.

Que tus hijos memoricen el número de emergencia. Si en tu ciudad aún no centralizan las llamadas de emergencia, entonces que se aprendan los números más importantes como bomberos, ambulancia, policía y el de tu aseguradora.

Un niño de 3 o 4 años juega en la computadora mejor que muchas de nosotras, así que no dudes de su capacidad para hacer una llamada de emergencia. Practica con él. Lo importante es que pueda dar datos como “mi mami se cayó y no despierta”, la operadora rastreará la llamada y la ayuda llegará.

Eso sí, instrúyelo para NO usar ese número en broma.

Hagan simulacros como familia, de modo que sepan cómo actuar en diferentes casos de emergencia.

Tomen un curso de primeros auxilios como familia. En la Cruz Roja de tu localidad podrás encontrar cursos sabatinos. No inviertes mucho tiempo ni recursos, en cambio, el beneficio es invaluable.

No se trata de estar esperando que nos suceda una catástrofe; el punto es darles a los pequeños información útil y formar en ellos una cultura de prevención que les beneficiará toda su vida.