24 de diciembre de 2010

PARADOJA NAVIDEÑA

(* La adoración de los pastores. Esteban Murillo, 1655)

"Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz" Isaías 9:6.

En Navidad celebramos el nacimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Paradójicamente, nos afanamos tratando de cumplir con normas y tradiciones, a veces de manera inconsciente. Nos enfocamos en tener todo perfecto para el gran día, desde una casa debidamente decorada hasta un peinado perfecto y eso puede conducirnos a desordenar nuestras prioridades, por ejemplo:

El esposo, los hijos, los familiares y los amigos están después de los preparativos para la celebración: “¡Me encantaría pasar un buen tiempo contigo, mi vida, pero tengo que ir a peinarme al salón!” “Sí, sí quiero ver el dibujo que me hiciste, hijito, pero ¡no te atrevas a entrar a mi cocina!

No me mal entiendas, creo que es lindo cuando podemos tener una casa adornada, una deliciosa cena en la mesa y lucimos bien, lo que digo es que esto no se debe convertir en el motivo de la Navidad ni en nuestra prioridad.

Si no planeaste con tiempo los regalos, tu atuendo o la decoración, no te afanes tratando de remediarlo a última hora, haz lo posible, pero no te alteres ni olvides que lo más importante es lo que se celebra y con quién lo compartes. Tu familia seguramente apreciará más un espíritu afable y apacible en ti que una elegante cena después de regaños y pleitos.

Esta puede ser la época de más estrés en el año o una gran oportunidad de mostrar el amor, la paz, y el gozo que Dios ha traído a nuestra vida y, sobre todo, de predicar el Evangelio. ¡No perdamos de vista lo que realmente importa!

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