15 de octubre de 2010

AUTOESTIMA DE LOS NIÑOS

(* Miss Juliana Willoughby. 1783, Romney)

Esto no tiene que ver con el énfasis psicológico en la autoestima, sino con la importancia de que los niños tengan un auto-concepto correcto, comenzando por enseñarles qué es lo que los hace valiosos.



Es comprensible el temor en los padres piadosos de fomentar en su hijo el orgullo, así como el deseo de ayudarlo a desarrollar un corazón humilde.


La Biblia establece la base para un auto-concepto positivo y equilibrado en los seres humanos: podemos amarnos a nosotros mismos y a los demás porque Dios nos ha amado.


La base para que el niño se ame a sí mismo y a los demás, es el amor de Dios.


Podemos ayudar al pequeño a ver qué lo da valor y dignidad con ciertos pasajes de la Escritura como Génesis 1:26-27; Salmo 8:5; 1 Pedro 1:18-19.


Lo que Dios dice a cerca del ser humano es la base de nuestra identidad y por ende, de un correcto concepto de sí mismo.


Esto libra al niño del orgullo que surge al sentirse merecedor de todo por méritos propios, y lo lleva a comprender que su valor no radica en lo que tenga ni en lo que haga. Nadie vale más que su prójimo por cuestiones externas como las posesiones, habilidades o logros.


El ser humano no tiene problemas para creerse superior, por eso la Biblia manda procurar la humildad. La humildad no es sinónimo de estimación propia rebajada; al contrario, tiene que ver reconocer con la obra de Dios en el hombre, debemos ayudar al niño a que reconozca que si hay algo bueno en él, esto viene de Dios, debe reconocer su dependencia de Dios. De ésta manera será capaz de identificar y valorar los talentos y la obra de Dios en otros, también le permitirá ver y aceptar la superioridad de otras personas en ciertas áreas. Filipenses 2:2.


De este modo el niño sabrá respetar a su prójimo sin perder el respeto por sí mismo.



Hay acciones con las que podemos contribuir a que el menor comprenda el alto valor que Dios le da:


1. Pasa tiempo con él, que resulte agradable para el niño y para ti.


2. Elogia sinceramente por aquellas cosas que en la Palabra se muestran como dignas de alabanza (por ejemplo: no lo elogies por la alta calificación, sino por el esfuerzo, disciplina, o constancia que tuvo para poder obtenerla)


3. Corrige con amor.


4. Comunícate con respeto.


5. No uses el chantaje ni el sentimiento de culpa como motivación.


6. Anímalo y apóyalo.


7. Evita sobreprotegerlo.