25 de septiembre de 2010

¡TENGO RAZÓN!

(* Malhumor. 1871, Degas)

Hay quien…

Por tener la razón, sigue argumentando aunque su esposo ya expresó su indisposición a escuchar.

Para demostrar que tiene razón es capaz de abrir viejas heridas al recordar lo que se supone ya había perdonado.

No le importa hacer sentir inútil, torpe o ignorante a su marido con tal de que reconozca que ella está en lo correcto.

Exhibe a su cónyuge ante sus hijos y ante todo aquél que crea que le dará la razón.

Deja de ser su ayuda idónea, su mejor amiga, su aliada, su amante y se convierte en su rival, su juez, su enemiga a vencer… con tal de tener la razón.

Y de pronto se encuentra abandonada, amargada, con ira… pero llena de orgullo porque ¡tenía la razón! Pero ¿valió la pena? ¡No lo creo!


Las dos características que Jesús mencionó de sí mismo fueron, mansedumbre y humildad, que Dios nos ayude a desarrollarlas.

“… y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón…” Mateo 11:29.

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