2 de julio de 2010

DILEMA DE UNA MADRE: Trabajar o no trabajar

(*La primera caricia del bebé. Mary Cassatt, 1890)

"Que enseñen a las mujeres jóvenes a... amar a sus hijos." Tito 2:4.

Las costumbres de la sociedad y las instrucciones de Dios para nosotras, sus hijas, no van siempre en la misma dirección; pero sabemos que la Palabra de Dios es la Verdad, y que al obedecerla estamos haciendo la voluntad de Nuestro Amado Padre, quien quiere lo mejor para nosotras.

Una de las corrientes con más aceptación en nuestra sociedad antepone el desarrollo profesional de una mujer a su papel de madre.

Así, encontramos a una mujer que después de horas fuera de casa, llega tratando de compensar a su hijo por el tiempo que estuvo ausente; tiempo que, por cierto, fue ella quien lo decidió invertir en actividades a las que obviamente les da más valor; pero los niños necesitan tiempo, no sólo de calidad, sino en cantidad.

En la vida de los infantes (y de los adultos) la calidad no suple la cantidad, son elementos diferentes, no intercambiables e insustituibles en su formación; sobre todo la emocional y espiritual.

Ser madre va más allá de dar a luz, implica la formación del niño.

Ejercer tu maternidad no te hace menos 'exitosa', al contrario, Dios no te ve sólo como un canal para traer un bebé más al mundo, ha puesto en tus manos una vida ¡Dios te ha confiado una vida! ¡Qué honor!

Insisto, si Dios te ha dado el privilegio de ser madre, también te dio la responsabilidad de formar y cuidar a tu hijo. Recuerda que todo privilegio, trae consigo responsabilidades.

La responsabilidad de cuidarlo y formarlo es tuya, no de su abuela, no de una nana, no de una guardería.

No es mi intención poner carga extra a las madres solas que se ven en la necesidad de trabajar largas jornadas para sostener a su familia, son casos especiales con ausencia de figura paterna y asumen la provisión como parte de su responsabilidad; con el tiempo, sus hijos serán capaces de valorar ese valiente esfuerzo que han hecho para sacarlos adelante.

Me dirijo quienes están ante la decisión de aceptar la responsabilidad que Dios les ha dado al ser madres o dejarla en manos de terceros porque no están dispuestas a renunciar temporalmente a alguna actividad que les da satisfacción pero que les resta tiempo con sus pequeños, aun cuando no dependen económicamente de ella.

Si puedes elegir, te animo a que decidas invertir en la formación de tu hijo; aunque tu presupuesto se vea afectado por un tiempo al tener sólo el ingreso de tu esposo en casa. Vale la pena el sacrificio material y temporal por resultados que trascienden a eternidad.

Escusas puede haber muchas, pero no son razones para darle prioridad a otras actividades; en la mayoría de los casos éstas sólo reflejan egoísmo: Dinero, desarrollo profesional, distracción, etc. ¿Le dirías a tu hijo que valoras más éstas cosas que a él? ¿Qué lo material es más importante que la familia? En la práctica, ese sería el mensaje que estarías mandando si decides trabajar fuera de casa en lugar de dedicarte al cuidado de tu familia.

Da a tu hijo el lugar que Dios dice que debe tener: Después de Dios y de tu esposo. Nuestro Señor es fiel y recompensará tu obediencia, la bendición será mayor que el conservar un estatus o ciertas comodidades.

El Dr. J. Dobson lo describe así: “Teniendo a Dios como modelo, podemos entender por qué el amor sin actos que le correspondan no puede satisfacer las necesidades profundas de nuestros hijos. Hemos de poner en orden lo principal separándolo de los secundario y eliminar algunas actividades que privan a nuestros hijos de nuestra compañía amorosa que les es tan esencial.”

El Dr. Armand Nicholais, profesor de la escuela de medicina de Harvard, menciona como causa número uno de deficiencias en el carácter y de conflictos emocionales en los jóvenes, a que en su primera infancia, sus madres laboraron fuera del hogar. Él dice: “Mi experiencia clínica indica claramente que ninguna mujer con hijos pequeños puede hacer ambas cosas al mismo tiempo sin sacrificar ya sea la calidad de su trabajo o la calidad del cuidado de su hijo.”

Hay hermosas recompensas si decides asumir el papel que Dios te dio como madre, menciono sólo tres:

1. El gozo de ver los resultados de la formación de tu hijo. Pr 23:24-25.

2. La unión que tendrá contigo. Los primeros dos años son fundamentales en la creación de vínculos.

3. Glorificarás a Dios pues lo estarás obedeciendo. Tit 2:4-5.