26 de marzo de 2010

¡NO TE PREOCUPES!

(* El espejo roto. Jean Baptste Greuze, 1763)

Por nada estéis afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios.


Y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestras mentes en Cristo Jesús Filipenses 4:6-7.

“¡No te preocupes!” Qué molesto era para mí que me dijeran eso y no me ofrecieran una solución o al menos un argumento que me hiciera ver que mi preocupación era en realidad innecesaria. Nada, sólo “¡No te preocupes!”.


Por eso, no te voy a decir que no te preocupes, sino que juntas veamos si es necesario o no preocuparnos por cosas que no son tan importantes y cómo no agobiarnos por los problemas reales.

Y es que me encontré con unos datos interesantes:

De nuestras preocupaciones:

• 40% nunca suceden

• 30% son cosas pasadas que no podemos cambiar ni remediar

• 12% son por el qué pensarán los demás (y son en su mayoría infundadas)

• 10% son cuestiones de salud (que empeoramos al preocuparnos)

• 8% son problemas reales que en su mayoría tienen solución(1).

Hice un ejercicio: anoté algunas de las cosas que me preocupaban y comprobé que los porcentajes se aproximaban bastante.

“Y si el bebé se golpea ahora que está aprendiendo a caminar…" "Y si mi hija no llega a casa antes que oscurezca…" "Y si le pasa algo a mi esposo en su camino a la oficina…" "Y si el chico que me gusta se enamora de otra…"

Vivir preocupadas se puede convertir en un estilo de vida.

Si nos solemos preocupar más que los demás, si nos dicen que nos preocupamos demasiado, si nuestras preocupaciones son infundadas, abarcan muchas cosas, nos agobian, han afectado nuestra salud y estamos tratando de resolverlas a nuestra manera, puede que vivir preocupadas se haya convirtiendo en un hábito.

Claro que hay situaciones de peligro real y específico, que requieren nuestra atención para resolverlas, buscando siempre la dirección de Dios; es entonces que debemos ocuparnos en vez de pre-ocuparnos.

Sabemos que mientras estemos en este mundo tendremos problemas (Jn. 16:33) Los hay realmente graves, que nos llevan a pedir por sabiduría a Dios para resolverlos y buscar el consejo de personas sabias. Merecen que les prestemos atención e invirtamos en su solución nuestro tiempo y recursos. Tengamos presente que no importa la magnitud del problema, podemos confiar en que nuestro Dios sigue teniendo el control. Él sigue siendo soberano.

Pero, salvo éstos casos, la mayor parte del tiempo, nos preocupamos por cosas que no merecen que nos enfoquemos en ellas, practiquemos lo que nos dice Filipenses 4:6-7.

* No afanarnos. Dejemos de querer tener el control de todo y confiemos en Dios.

* Presentar nuestra petición ante Dios: Orar. ¡Qué alivio el saber que podemos llevar ante él TODAS nuestras cargas! Por ejemplo: Si en verdad te preocupa que tu esposo sufra algún daño en su camino de regreso a casa, ora por él y confía en Dios.

* Ser agradecidas. La gratitud cambia nuestra actitud. En lugar de darle vueltas en la cabeza a pensamientos que no edifican, pensemos en Dios y en cómo nos ha permitido ver Su bondad, amor, misericordia y otros muchos de Sus atributos, y ¡démosle gracias! eso nos ayuda a dejar de ser tan negativas y fortalece nuestra confianza en Él.

Como ves, no se trata de negación, sino de ver las cosas en su justa dimensión de acuerdo a la Palabra de Dios, esto nos permitirá afrontar los problemas sin que éstos nos agobien.


(1) Datos en http://www.bible.org/