29 de enero de 2010

RAZONES DE PESO (parte 1)

(*El espejo de vestir. Berthe Morisot, 1876)

Hemos oído muchas veces que vivimos en un mundo que continuamente nos incita a la satisfacción fácil e inmediata de nuestros deseos, pero parece que pensamos que sólo se refiere a las conductas sexuales que consideramos impropias, a las compras compulsivas de fin de temporada, o a cualquier cosa menos a aquello que nos agrada hacer a nosotros. Es muy fácil que amoldemos nuestra manera de pensar a ese estilo de vida de pronta satisfacción sin pensar en los motivos y las consecuencias de nuestras decisiones, “si me hace sentir bien, está bien”. Así, vemos cómo los productos que ofrecen bajarnos de peso sin esfuerzo ni disciplina de nuestra parte son un éxito, y sobre todo si nos dicen que son “naturales” (¿sabías que hay plantas “naturalmente” abortivas, tóxicas y cancerígenas?).


En este inicio de año quisiera animarte a que no le temas a un estilo de vida saludable y decidas cuidar tu alimentación y tu nivel de actividad física. No hablo de pretender el estándar de belleza que nos dan los medios masivos de comunicación, el que por cierto, no es muy sano pues maneja medidas y peso peligrosamente por debajo de lo recomendado, hablo de lograr tu peso saludable y mantenerte así como resultado de un estilo de vida.

Tal vez lo has intentado muchas veces, pero no te desanimes si no lo has logrado, levántate una vez más; te propongo enfrentarlo comenzando con nuestro carácter, no con nuestra apariencia.

A menos que tengas alguna condición física (ya determinada por un especialista) que te impide mantener tu peso en los límites deseables, como hijas de Dios, no hay porqué separar el área de nuestro peso del de nuestro caminar con Dios, pues Él puede ayudarnos a lograr ese estado de bienestar físico, no como la meta en sí, sino como consecuencia de estar transformándonos a la imagen de Su Hijo mediante la formación de nuestro carácter.

Ya se ha dicho que llegar a ser mujeres de excelencia es Su obra en nosotras, lo que nos toca es estar dispuestas y obedecerle. Ahora bien, espero que tú como yo, hayas experimentado la gracia de Dios al ayudarte a crecer en áreas como el respetar a tu esposo, servir al prójimo, u otras áreas que vemos en la descripción de la mujer excelente de proverbios 31. Bien, pues te tengo noticias, esa clase de mujer (que es la que podemos llegar a ser con ayuda de Dios) “considera los caminos de su casa y no come el pan de balde.”

De balde quiere decir que no es necesario. ¡Pareciera que desde tiempos bíblicos sabían cómo mantener la línea! Bromas aparte, lo cierto es que esa es la forma más fácil y sana de mantener el peso adecuado: No comer el pan de balde, es decir NO CONSUMIR MÁS CALORÍAS DE LAS QUE NECESITAS.

Ahora bien, si lo que quieres es bajar de peso tienes dos opciones: O consumes menos calorías de las que quemas diariamente o haces más actividad física de modo que quemes más calorías de las que consumes. Para saber cuántas son las calorías que requieres es necesario que consultes con un especialista en ésta área de la salud para que determine cuanto debes comer de acuerdo a tu talla, etapa y estilo de vida. No se trata de que hagas dietas y pases hambre, se trata de que aprendas a darle a tu cuerpo los nutrientes que requiere en cantidad y frecuencia convenientes.

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