25 de diciembre de 2009

EL MEJOR REGALO

(La adoración de los pastores. Gerrit Van Honthorst, 1622)

"Porque os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor." Lucas 2:11.

Sé que es poco probable que Jesús naciera en esta época del año, pero lo que verdaderamente importa no es la fecha exacta, sino el hecho de que nació.


Así como el nacimiento de nuestro Salvador partió la historia en dos: A.C. y D.C., la historia de vida de cada una de nosotras que hemos creído en Él, se divide de la misma manera.

Antes de que Dios nos salvara, estábamos separadas de Él por el pecado, ¿quién de nosotras no había mentido? ¿Quién no había desobedecido?

Nos resultaba imposible cumplir con los estándares de un Dios santo y justo, y es que Su Ley no tiene el propósito de salvarnos cumpliéndola perfectamente pues esa es una tarea imposible para el pecador, el propósito de la ley es, precisamente hacernos ver nuestra incapacidad de cumplirla y la necesidad que tenemos de un Salvador.

Nosotras no podíamos salvarnos a nosotras mismas pues estábamos muertas en nuestros delitos y pecados (Efesios 2:5). El bebé en ese pesebre fue la iniciativa de Dios para salvarnos.

Dios envió a Su Hijo, quien vivió una vida de perfecta santidad y en la cruz pagó por nuestros pecados (2Corintios5:21), pero no sólo murió, también resucitó y Su resurrección fue la prueba de que Dios había aceptado su sacrificio sustitutivo.

Hemos sido perdonadas con base en esa obra de Jesucristo, no por nuestros méritos ni nuestras obras, Dios nos ha salvado por pura gracia mediante la fe (Efesios 2:8-9).


¡Gloria a Dios por el bendito don que celebramos esta Navidad!





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