9 de octubre de 2009

EL SERVICIO

(La pequeña doncella campesina. 1882, Camille Pissarro)

"Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres" Colosenses 3:23.

Me gustaría que consideráramos brevemente dos aspectos de nuestro servicio.


1. El servicio en la congregación.

Tener un ministerio o nombramiento específico en nuestra iglesia local NO es sinónimo de servir a Dios, pues nuestra motivación puede ser incorrecta. 

Podemos, por ejemplo, ser parte del coro o maestras de la escuela dominical, y no obstante estar sirviendo a los hombres o a nosotras mismas y no a Dios. Esto pasa cuando nuestra motivación es que nos admiren, nos valoren, nos noten o cualquier otra que no esté enfocada en glorificar a Dios.

Al estar en una posición donde somos vistos o donde se nos ha dado cierta autoridad, es fácil caer en orgullo

Analicemos nuestra motivación: ¿haríamos lo que hacemos con la misma excelencia aun cuando nadie nos viera? ¿Nos creemos superiores a otros por la actividad que desempeñamos? ¿Nos desalentamos si los otros no aprecian lo que hacemos? Cuidemos nuestro corazón para que el orgullo no nos desvíe de la correcta motivación de nuestro servicio.


2. El servicio fuera de la congregación.

Muchas veces esperamos tener un área específica de servicio dentro de la iglesia para entonces considerar que realmente estamos sirviendo. Si bien es bueno y necesario servir a la iglesia, es importante hacer del servicio un estilo de vida. Jesús no se limitó a servir en la sinagoga o en el templo, su vida estaba consagrada al servicio del Padre aunque no tuviera un nombramiento oficial dentro de la jerarquía religiosa de su tiempo.

Hagamos del servicio a Dios nuestro estilo de vida. Para algunos es más fácil servir a Dios en un ambiente cristiano que fuera de él, sin embargo, debemos glorificar a Dios en todo. Si estamos siendo obedientes a nuestro Señor, sabemos que estamos donde Él quiere que estemos, entonces, sirvámosle también allí donde nos tiene: en la escuela, en el trabajo, en el hogar, donde sea que Él nos haya puesto.

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