4 de septiembre de 2009

EL ORDEN

(*El descanso dominical. 1900, Carl Larsson)

Durante mi infancia, mi mamá, después de lograr que yo la obedeciera en limpiar mi cuarto, intentó que lo mantuviera así por lo menos quince días… y no lo logró: pasando una semana mis libros estaban por todas partes y por todos lados había recortes de artículos, fotografías, notas, y quién sabe cuántas cosas más del asunto de mi interés en ese momento; por supuesto, lo que menos me importaba era guardar mi cepillo o mis zapatos en su lugar y ¿para qué hacer la cama si en la noche la iba a deshacer? Recuerdo un tiempo en que opté por dormir sobre las cobijas para no perder tiempo tendiendo mi cama por la mañana.

No es de extrañarse que años después a mi madre casi le diera “el soponcio” al ver a su hija convertida en una amante del orden. Lo que pasó fue que Dios me redarguyó en esta área un día que leí 1 Co. 14:33, 40, entonces entendí que no era que mi mamá no tuviera algo mejor que hacer que vigilarme y reprenderme, sino que ella sabía que era bueno para mí que ser ordenada.

Sé que no soy la única a quien Dios le ha permitido ver su deficiencia en ésta área, así que quisiera compartir algunas actividades que me han ayudado en el proceso de ser más ordenada, creo que son prácticas y espero puedan ser de utilidad.

Hay una actividad que ha marcado una gran diferencia en mi vida y es planificar. Por ejemplo:

 Hacer un horario realista, ¡ni se me ocurre poner que voy a hacer ejercicio a las 5:00 de la mañana! A esa hora ni siquiera escucharía el despertador; en cambio, sé que puedo comenzar mi día sin ningún problema a las 8:00. Definitivamente hago mejor uso de mi tiempo al planear de antemano mi semana.

* Hacer un menú mensual también me ha ayudado a dejar malos hábitos, ya que comencé a preparar platillos más saludables, pude hacer una lista para hacer las compras y al no comprar de más, no sólo ahorré dinero, también se reflejó en mi peso, pues no había golosinas para comer entre comidas.

* No acumular. Solía guardar todo tipo de “recuerditos” y esto me impedía tener un lugar para cada cosa y hacía más complicado mantener todo limpios y en buen estado. Poco a poco viendo ejemplos de mujeres fuertes en esta área, he aprendido otras maneras de conservar recuerdos, que van desde llevar un diario hasta tomar foto del arreglo floral que me regalaron para no tener que conservar las rosas secas que acumulan tanto polvo.  

Otro consejo que me ha ayudado para no acumular: “Si no lo has usado en seis meses, no lo necesitas.”

¿Sabes? Mantener el hogar en orden nos permite ahorrar tiempo, energía y dinero. Por ejemplo, una mujer ordenada no tiene que ponerse a buscar entre un montón de papeles aquél donde apuntó ese dato que le urge encontrar; hacer el aseo es fácil y no le toma tanto tiempo, porque no tiene que poner en su lugar cada cosa que va encontrando; las cosas se mantienen en buen estado y la ayuda doméstica, aunque siempre es bienvenida, no es necesaria, por lo que se puede recortar del presupuesto si se requiere.
En resumen, el orden permite tener más recursos para dar a Dios y los demás.

En la Biblia podemos ver el orden como parte del carácter de Dios, el relato de la creación es una muestra, esto es admirable e inspirador. 

No nos desanimemos ni desmayemos, hay hábitos que no se cambian de un día para otro pero recordemos que Él es quien obra en nosotras el querer como el hacer, para su beneplácito (Fil. 2:3).

Por último, quisiera compartir una nota cuyo autor desconozco pero que habla del tema:

"El orden tiene tres ventajas: ayuda a la memoria, ahorra tiempo y conserva las cosas.
El desorden tiene tres inconvenientes: el tedio, la impaciencia y la pérdida de tiempo.
El orden necesita tres servidores: la voluntad, la atención y la dirección.
El desorden tienen tres normas: la precipitación, la pereza y el aturdimiento."

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