7 de agosto de 2009

NO ES CHEQUE EN BLANCO

(Joven en la playa. Wilson Steer)

“Deléitate asimismo en el Señor, y él te concederá las peticiones de tu corazón” Salmo 37:4.

Ésta no es una fórmula mágica, una especie de “abracadabra” para que se materialicen nuestros anhelos aunque sean inconsistentes con la voluntad de Dios.

No hablo de no poder presentarle nuestras peticiones a Dios, hablo de no manipular la Palabra sacando textos fuera de contexto. 

La Biblia no es un libro de conjuros y fórmulas para obtener lo que queremos, debemos tener cuidado para no ver a Dios como una especie de papá Noel o hada madrina que existe para cumplir nuestros caprichos u ocurrencias. Este concepto de Dios ha llevado a muchos a flaquear en su fe, incluso a decepcionarse de Dios cuando no ven cumplido lo que pidieron a pesar de que, según ellos, se “deleitaron” en Dios por un tiempo (el que ellos consideraron suficiente). Es muy triste, pero he escuchado a gente que se identifica como cristiana decir con amargura:“Dios no cumplió Su parte”.

El problema está en un cristianismo centrado en nosotros mismos en vez de en Dios.

El tema central de este Salmo es lo que la mayoría de nosotros nos hemos preguntado alguna vez: ¿Por qué prospera el impío y los rectos parecen no hacerlo? David contesta haciendo énfasis en lo efímero de la condición de ellos (versos 1, 2, 9, 10,12-15,17, 20, etc.) y nos instruye para que confiemos en Dios, por ejemplo, los versos 3-9, 11, 18.

Lo que quiero hacer notar es la primera parte del verso 4: “Deléitate a sí mismo en el Señor”. Cuando encontramos nuestro deleite en Dios buscamos conocerlo y obedecerlo, eso en automático cambia nuestra visión: cuando nos deleitamos en Dios, nos enfocamos en Dios y Su voluntad, por lo que nuestro anhelo primordial será que se haga Su voluntad en nuestra vida. 

Al deleitarnos en Dios vamos a querer lo que Él quiera para nosotras.

Cuando nos deleitamos en Dios, nuestras peticiones serán de acuerdo a Su voluntad, lo que nos garantiza que nos sean concedidas.

Dios no nos ha dado un cheque en blanco para satisfacer deseos carnales o egoístas. 

Este pasaje de va en perfecta armonía con todas las demás partes en la Biblia y con el ejemplo de Jesús:

“Jesús les dijo: Mi comida es hacer la voluntad del que me envió y llevar a cabo su obra.” Juan 4:34. 

“…porque no busco, sino la voluntad del que me envió” Juan 5:30. 

“Porque tenéis necesidad de paciencia, para que cuando hayáis hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.” Hebreos 10:36.

“Y el Dios de paz… os haga aptos en toda buena obra para hacer su voluntad, obrando El en nosotros lo que es agradable delante de El mediante Jesucristo… Hebreos 13:21.

“Para vivir el tiempo que le queda en la carne, no ya para las pasiones humanas, sino para la voluntad de Dios.” 1 Pedro 4:2.

“Y esta es la confianza que tenemos delante de Él, que si pedimos cualquier cosa conforme a su voluntad, El nos oye.” 1 Juan. 5:14.

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