3 de julio de 2009

HOSPITALIDAD

(Una visita amistosa, Merritt Chase)

"Un obispo debe ser... hospitalario" 1 Timoteo 3:2

Me llama la atención que la hospitalidad sea un requisito de los diáconos y de los obispos.

Desde que me casé asumí el compromiso conmigo misma y con mi esposo de hacer de nuestro hogar un lugar de solaz para los miembros de la familia, los invitados y cualquier persona que lo visitara inesperadamente. ¡Es obvio que era recién casada y no tenía idea de las implicaciones! Les confieso que no siempre lo he logrado.

Ser hospitalarias requiere más que buenas intenciones: Es necesario que nos disciplinemos y no seamos flojas.

Creo que todas hemos estado alguna vez en hogares que tienden al orden tipo museo y en otros más en los que no se puede encontrar al perro ni por el ladrido, dado el desorden y ruido que hay.

Encontrar y mantener un balance no es fácil, como ya dije, yo no siempre lo consigo, pero estoy convencida de que no es imposible.

He aprendido de otras mujeres más fuertes en esta área tres puntos necesarios para ser buenas anfitrionas:


1) El orden y la limpieza son importante para tener un hogar agradable y listo para recibir a los que lo habitan y a los visitantes.

Comencemos cuidando nuestra motivación para que la casa esté limpia y ordenada. 

Nuestro objetivo no debe presumirla sino que sea agradable estar allí, por ejmplo: Que las personas puedan entrar a la cocina y constatar la higiene con la que se preparan sus alimentos; que puedan sentarse en los sillones sin que su ropa se llene pelusas o pelo de animales; que sientan la confianza de hojear libros o revistas sin que se deshojen, esparzan polvo o estén pegajosos; que no pasen por la incomodidad de no saber dónde poner el objeto que tuvieron que mover para tener un lugar donde sentarse.

Seamos diligentes y busquemos consejos que nos ayuden a tener una casa ordenada, implementemos rutinas de limpieza para no agotarnos queriéndolo hacer todo de una vez, veremos que así no será agotador tener las diferentes áreas del hogar presentables.


2) Generosidad


Compartir espacio, tiempo y demás recursos con las personas que nos visitan es una manera de mostrarles lo importantes y especiales que son para nosotras. 

¿Has estado en casa de gente mezquina? Da lástima ver cómo sirven una galleta por persona del abundante surtido que llevaste y guardan el resto para ellos, y no por carencia o necesidad; en cambio, la comida aunque escasa, dada con un corazón generoso y alegre, se disfruta más. 

Dar desinteresadamente y con alegría no es algo natural en todas, pero todas, por gracia de nuestro Señor, podemos llegar a hacerlo.


3) El amor.


Este es el punto más importante, lo que hará que estemos dispuestas a pagar el precio y no quejarnos del trabajo extra que puede darnos el ser hospitalarias.

Mostremos el amor que Dios a cada persona que visite nuestro hogar, esto hará que pasen un buen rato, que ellas y nosotras seamos edificadas y que nuestro Señor sea glorificado.

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