31 de julio de 2009

HISTORIA DE LA MÚSICA (Música Antigua)

(David tocando el arpa)


La música y la danza son las más antiguas formas de expresión artística. Existen referencias a la música de tiempos muy antiguos. La gente cantaba y usaba instrumentos para crear sonidos mucho antes de que hubiera notación musical.

Cada etnia desde la prehistoria ha sabido crear un estilo musical propio.

En la América precolombina, por ejemplo, no había instrumentos de cuerdas. La mayor parte de su música era idiófona, es decir, provenía de objetos que sonaban por sí mismos: caparazones, calabazas con semillas, collares de conchas, etc. Los aztecas hacían un tambor con un tronco hueco y los habitantes de la región de los Andes tenían la flauta de pan.

La música de los distintos pueblos en África tiene rasgos en común. Las percusiones acompañan todas las melodías. Es marcada la tendencia a la simultaneidad ya sea de distintas voces (polifonía) o distintos ritmos (poliritmia).


En la India encontramos que los instrumentos principales eran los de cuerda como el sitar (un tipo de laúd de cuello largo proveniente de Persia, así como el sarangi y el sarod. En sánscrito se usa la misma palabra para música y para danza.

En Biblia encontramos muchas referencias a instrumento musicales de cuerdas, aliento y percusiones como el salterio de 13 cuerdas y el arpa egipcia (o de David) de 10 cuerdas.

Sin duda, la música en la iglesia primitiva tuvo influencias del canto sinagogal de los judíos así como de las melodías griegas y romanas; con el tiempo, también la influirían las otras culturas a donde se expandió como la del Asia Menor, Europa y el norte de África.

En sus confesiones, Agustín de Hipona escribió: “Cuando evoco las lágrimas que he vertido ante las canciones de tu iglesia, en el principio de mi fe renovada y cómo aún ahora me siento conmovido no por el canto, sino por lo que se canta, con una voz clara y hábilmente modulada, entonces reconozco la gran utilidad de esta costumbre”.


Ptolomeo escribió sobre la variada doctrina musical y Boecio escribió un libro sobre los principios de la música en el siglo VI, ambos escritos fueron muy importantes para las teorías bizantinas y árabes sobre la materia así como influyentes en la Edad Media latina.

24 de julio de 2009

SEGURIDAD EN EL AUTOMÓVIL

(Mujer con niña conduciendo. Mary Cassatt).

Abordo este importante tema como respuesta a la sugerencia de una amiga, además de que dada la época vacacional me parece fundamental. 

No es mi intención infundir miedo, sino recordarte puntos importantes a considerar para, en lo posible, prevenir accidentes. Quiero compartir información útil y animarte a seguir siendo prudente y responsable, no miedosa.


Conducir un auto es de las actividades cotidianas con consecuencias más peligrosas. Como conductor adquieres gran responsabilidad, por tanto, debes tomar las debidas precauciones:

  • Ante todo, comprueba que la silla del niño esté bien sujeta con el cinturón.

  • Si no hay suficiente ajuste lateral en la silla, compra un cojín especial para ajustar a los lados del niño.

  • Todos y cada uno de los niños que viajan en un coche deben tener su dispositivo especial de seguridad, así como todos los de más de 140 cm de estura deben llevar el cinturón de seguridad. Según las normas oficiales, TODOS los que viajan en el vehículo deben usar el cinturón de seguridad. El número de pasajeros de un automóvil NO debe ser mayor al número de cinturones disponibles.

  • No debes arrancar el coche hasta asegurarte del punto anterior.

  • Procura que los pasajeros vayan tranquilos pues los gritos y distracciones pueden causar un accidente.

  • No lleves objetos grandes ni pesados en el asiento trasero, en una colisión pueden salir proyectados y herir a los pasajeros. Guárdalos en el maletero.
Los niños son especialmente vulnerables en un accidente de tránsito, por eso requieren dispositivos de seguridad especiales. Estos dispositivos se clasifican en cuatro grupos en función del peso y la edad del menor.

0 - 9 kg. (0 – 9 meses)
Las sillas de bebés deben ir sujetas de tres puntos de anclaje. Se colocan transversalmente en el asiento de atrás en sentido contrario a la marcha del coche. Debemos usar también la red de seguridad que impide que el bebé salga disparado en un choque.


9 - 18 kg. (9 m – 4 años)
Ya pueden usar los dispositivos para ir en sentido de la marcha del coche aunque es más seguro si se usa la silla mirando hacia atrás.


15 - 25 kg. (3-6 años)
Un cojín elevador especial para coches puede ser más cómodo sobretodo para los más grandecitos aunque no protegerá tanto la espalda. Estos cojines también van sujetos con el cinturón de seguridad con tres puntos de anclaje.

La importancia de elevar su altura es porque el cinturón diagonal debe cruzar los hombros y el pecho y el cinturón bajo debe quedar sobre los huesos, pues de lo contrario, pueden causar daño en una colisión, por ejemplo, al oprimir órganos vitales.

Los niños de más de 1.40 m pueden usar el cinturón de seguridad habitual pero en el asiento trasero del coche. Esto porque las bolsas de aire son para proteger a adultos, son muy potentes cuando se inflan y por eso pueden asfixiar a un niño. Si viaja contigo un menor de 12 años, NO debe sentarse en el asiento delantero si tu coche cuenta con bolsa de aire. Si es necesario sentarlo en el asiento del copiloto, entonces deslízalo al máximo hacia atrás.

POR NINGÚN MOTIVO permitas que el niño vaya de pie en el coche estando este en marcha, si llega a ocurrir, estaciónate lo más pronto posible en un lugar seguro y remedia la situación.

Que el temor no sea tu motivación para obedecer las normas de seguridad. Confiemos en Dios y obedezcámosle; no seamos temerosas, sino prudentes y responsables.
“El prudente ve el mal y se aparta, los simples siguen adelante y pagan las consecuencias.” Pr. 22:3; 27:12.
“El prudente mira bien sus pasos.” Pr. 14:15
“…el necio es arrogante y descuidado.” Pr. 14:16b.

17 de julio de 2009

¿QUIÉN TIENE EL CONTROL?




A veces se hace hincapié en que la mujer no trate de controlar en el matrimonio, pero he observado que el querer tener el control no es cuestión de género sino de naturaleza: A los seres humanos nos gusta hacer las cosas a nuestra manera.

Una vez mi amado y yo estábamos platicando de cómo ayudar a un pareja de recién casados que se habían acercado a nosotros buscando consejo, pues atravesaba por uno de esos primeros desacuerdos en su matrimonio, cuando de pronto mi esposo me hizo esta observación: “¿Sabes? El problema no es que ella quiera tener el control, el problema es que AMBOS QUIEREN CONTROLAR EL MATRIMINIO, cuando la voluntad de Dios es que el matrimonio funcione bajo Su control”. 1 Co. 11:3.

Cambió totalmente mi punto de vista y me puso a pensar en el énfasis sobre el deseo de control de la mujer cuando en realidad ¡tampoco es bueno que el hombre quiera controlar!


No pretendo justificar las actitudes incorrectas de ninguna de las partes, sino el mostrar algunas de las posibles consecuencias de querer tomar el lugar que le corresponde sólo a Dios en nuestro matrimonio.

Cuando el esposo ve a su esposa como rival por el control y actúa a la defensiva queriendo aventajarla en regir la relación, creerá que el propósito de las opiniones y consejos de ella es atacarlo o manipularlo a su antojo para salirse con la suya, por lo que no la tomará en cuenta. Si el esposo no valora o desacredita la opinión de su esposa, ella se sentirá menospreciada y reaccionará con rebeldía.

No es que el esposo tenga, entonces, que estar de acuerdo en todo lo que su mujer le diga. Se trata más bien de que la escuche con un corazón atento y discierna si Dios le está mostrando algo a través de lo que le dice su esposa. El esposo no debería imponer su opinión como la última palabra sin haber buscado juntos la dirección de Dios.

Por otra parte, cuando el esposo ha fallado en algún área, la esposa puede caer en usar estos errores como prueba de la incapacidad de él para decidir correctamente, hacerlo sentir culpable y querer entonces hacer las cosas a su manera.

Si nos damos cuenta de las debilidades de nuestro esposo, que no sea para usarlas a nuestro favor, sino para orar por él y, de ser posible, ayudarlo de manera sabia.

Dejemos el orgullo y no culpemos a nuestra pareja por los problemas.

Lo mejor que podemos hacer es buscar juntos, en unidad, la dirección de Dios y obedecerla.

10 de julio de 2009

PANQUECITOS DE QUESO

(*Cesta de pan, Dalí 1926)



Ingredientes:

  • 175 g harina de trigo
  • 1 barra de mantequilla suavizada (90 g)
  • 1 1/2 cucharaditas de polvo para hornear
  • 1 huevo

Ingredientes Relleno:

  • 1/2 lata de leche condensada azucarada
  • 1/2 paquete de queso crema
  • 1/2 cucharada de esencia de vainilla
  • 1 huevo
  • 1/2 limón, el jugo
  • 1 1/2 cucharada de harina de trigo integral


Preparación:

Horno precalentado a 180º

1. Mezcla todos los ingredientes en una superficie plana hasta formar una pastaq suave.

2. Forra con la pasta el molde de mini muffin. Aparta.

Relleno:

3. Licua la leche condensada con los ingredientes restantes y vacía sobre el molde de mini muffin que forraste.

4. Hornea por 40 minutos y sácalos.

3 de julio de 2009

HOSPITALIDAD

(Una visita amistosa, Merritt Chase)

"Un obispo debe ser... hospitalario" 1 Timoteo 3:2

Me llama la atención que la hospitalidad sea un requisito de los diáconos y de los obispos.

Desde que me casé asumí el compromiso conmigo misma y con mi esposo de hacer de nuestro hogar un lugar de solaz para los miembros de la familia, los invitados y cualquier persona que lo visitara inesperadamente. ¡Es obvio que era recién casada y no tenía idea de las implicaciones! Les confieso que no siempre lo he logrado.

Ser hospitalarias requiere más que buenas intenciones: Es necesario que nos disciplinemos y no seamos flojas.

Creo que todas hemos estado alguna vez en hogares que tienden al orden tipo museo y en otros más en los que no se puede encontrar al perro ni por el ladrido, dado el desorden y ruido que hay.

Encontrar y mantener un balance no es fácil; como ya dije, yo no siempre lo consigo, pero estoy convencida de que no es imposible.

He aprendido de otras mujeres más fuertes en esta área tres puntos necesarios para ser buenas anfitrionas:


1) El orden y la limpieza son importante para tener un hogar agradable y listo para recibir a los que lo habitan y a los visitantes.

Comencemos cuidando nuestra motivación para que la casa esté limpia y ordenada. 

Nuestro objetivo no debe ser presumirla sino que sea agradable estar allí, por ejemplo: Que las personas puedan entrar a la cocina y constatar la higiene con la que se preparan sus alimentos; que puedan sentarse en los sillones sin que su ropa se llene pelusas o pelo de animales; que sientan la confianza de hojear libros o revistas sin que se deshojen, esparzan polvo o estén pegajosos; que no pasen por la incomodidad de no saber dónde sentarse porque los sillones están llenos de cosas fuera de su lugar.

Seamos diligentes y creativas, busquemos consejos que nos ayuden a tener una casa ordenada, implementemos rutinas de limpieza para no agotarnos queriéndolo hacer todo de una vez, veremos que así no será agotador tener las diferentes áreas del hogar presentables.


2) Generosidad


Compartir espacio, tiempo y demás recursos con las personas que nos visitan es una manera de mostrarles lo importantes y especiales que son para nosotras. 

¿Has estado en casa de gente mezquina? Da lástima ver cómo sirven una galleta por persona del abundante surtido que llevaste y guardan el resto para ellos, y no por carencia o necesidad; en cambio, la comida aunque sea escasa y simple, dada con un corazón generoso y alegre, se disfruta más. 

Dar desinteresadamente y con alegría no es algo natural en todas, pero todas, por gracia de nuestro Señor, podemos llegar a hacerlo.


3) El amor.


Este es el punto más importante, lo que hará que estemos dispuestas a pagar el precio y no quejarnos del trabajo extra que puede darnos el ser hospitalarias.

Mostremos el amor que Dios ha derramado en  nuestros corazones a cada persona que visite nuestro hogar, esto hará que pasen un buen rato, que ellas y nosotras seamos edificadas y que nuestro Señor sea glorificado.