8 de mayo de 2009

VENCIENDO LA IMPULSIVIDAD

(Mujer sentada. 1883, George Pierre Seurat)


"El que retiene sus palabras tiene conocimiento, y el de espíritu sereno es hombre entendido." Proverbios 17:27 (LBLA).


En mi adolescencia, en más de una ocasión hice gala de impulsividad, ésta se manifestó varias veces en acciones imprudentes, insensibles y arriesgadas. El costo fue desde dejar una mala impresión, hasta dañar una relación. 

Una vez leí que la madurez implica aceptación de la responsabilidad por nuestras acciones (1), por eso no debemos ser egoístas y actuar sin que nos importen las consecuencias que nuestros actos traerán para los demás.

Un niño es impulsivo por naturaleza, pero la impulsividad en un adulto revela inmadurez. 

Si queremos dejar de actuar impulsivamente es necesario que la Palabra de Dios abunde en nosotros y pedir de Su gracia para obedecerla, eso nos ayudará a no actuar según nuestra propia prudencia, sino según los principios eternos que Dios nos ha mandado obedecer. 

El mundo nos dice: “sigue tus impulsos”, en cambio, Dios nos manda obedecer sus preceptos y seguir sus caminos, así Él es glorificado.

(1) Edwin L. Cole, Hombres Fuertes en Tiempos Difíciles, Ed. Betania.

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