3 de abril de 2009

¿IGNORANTE SOBERBIO?

(La caída de Ícaro. 1949, Raymond Daussy)


"Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes." 1 Pedro 5:5b.

Lope de Vega lanzó la pregunta: "¿Cómo se sufre a sí mismo un ignorante soberbio?" No me imagino la respuesta.

Mi madre solía decirme: “a la ignorancia no se le descarta, se le instruye”. Pero ¿Cómo enseñar a quién no ve la necesidad de aprender?

El problema no es la ignorancia, es no ser enseñable.

Nadie está a salvo de caer en esta actitud. Cosas como haber leído todos los libros de un escritor cristiano de renombre, haber estudiado los seis años de un seminario bíblico, llevar toda una vida sirviendo en el ministerio, y otras razones igualmente inválidas, nos pueden llevar a creer que sabemos todo lo que debemos saber y no soportar cuestionamiento ni oposición a lo que decimos, hacemos, o creemos. Cuando somos soberbios, solemos ser incapaces de contemplar la posibilidad de estar equivocados.

Cuando la disposición para aprender está sujeta a ciertas circunstancias arbitrariamente puestas por uno mismo, como el que la enseñanza venga de las pocas personas a quienes se admira (el soberbio suele considerar a muy pocas personas como superiores a sí mismo y por tanto, dignas de su admiración), se está pretendiendo limitar a Dios, se le está imponiendo el modo y el medio de enseñarnos.

Nuestra meta es ser como Cristo. Las dos características que Él dijo de sí mismo fueron: Mansedumbre y humildad (Mt. 11:29). Busquemos desarrollar esos mismos rasgos en nuestra vida.

"Y todos, revístanse de humildad en su trato mutuo, porque Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes". 1 Pedro 5:5.

"Nada hagan por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de ustedes considere al otro como más importante que a sí mismo". Fil. 2:3.


Prácticas que nos ayudan a desarrollar mansedumbre y humildad:

* Mantener una fuerte comunión con Dios: Leer, meditar, estudiar y obedecer Su Palabra nos hace conscientes de lo mucho que necesitamos aprender y crecer, de que no hay nada bueno en nosotros que no hayamos recibido de Él, y así vemos la necesidad que tenemos de Su dirección en vez de confiar en nuestra propia sabiduría.

* Tomar las críticas como oportunidades para ver cosas de nosotros mismos que tal vez no somos capaces de ver.

* Buscar y alabar las cualidades de los demás.

* Escuchar.

2 comentarios:

felipe dijo...

muy buena la nota, pero casi llegando al final, la palabra CONSIENTE es lamentable... arréglenlo por CONSCIENTE.
Muchas gracias

Mujer de excelencia dijo...

Felipe: Muchas gracias por la observación. Ya lo corregimos.